EL MIEDO ORATORIO

 

A lo que hay que tenerle miedo es al miedo

 

Un anciano le preguntó a la peste de dónde venía. “Vengo de la ciudad, de cobrar 100,000 vidas”, le contestó. “Pero murieron 200,000”, dijo el anciano. “Yo cobré 100,000, las restantes se las llevó el temor”, respondió la peste.

Las emociones son impulsos que nos llevan a situaciones en las que la mente racional se subordina a la emocional y pierde su dominio.

Existe un temor estimulante y positivo, que es el de quien crea y busca con libertad la fuente de la energía. El miedo negativo conduce a la adicción, y constituye un programa que se repite hasta que explota o muestra su peor cara: la postergación.

Las defensas que se levantan consumen la energía. El temor no enfrenta el dolor: hace que uno se escape ocupando la mente en cualquier cosa.

Debajo del automatismo está la duda sobre si mismo que lleva a la autoderrota. No asumir el miedo implica una apelación a deseos fugaces y vagabundos que giran entre la adicción y la continua postergación.

El que no sabe lo que le pasa expresa sus emociones mediante síntomas, enfermedades o fobias. La apertura hacia la transparencia es el valor agregado que aporta la inteligencia emocional.

¿Cuáles son los medios que paralizan?: perder la vida, la vitalidad o el prestigio, perder la conciencia, hacer el ridículo, hablar en público (este último funciona como una especie de test revelador que da cuenta de que existen otros medios). El temor a exponerse está vinculado a buscar la perfección que paraliza como cualquier otro miedo ya que el pensamiento que genera es “si no me sale perfecto, no lo hago”.

La preocupación paraliza, la ocupación motoriza. Listar los problemas, formular las preguntas, conocer las limitaciones, cronometrar la ejecución, no duplicar riesgos innecesarios, implica el crecimiento de las áreas que podemos controlar. La acción aumenta la ocupación y disminuye la pasiva preocupación. Antes de la decisión se debe generar el plan. Al entrar en acción, no hay que dejar el cambio por la mitad, ni culpar a terceros, ni darse por vencido fácilmente. Pero tampoco hay que esperar demasiado: si las cosas salen mal hay que saber retirarse a tiempo.

El miedo es mal consejero. Hay intereses que lucran con él. Para enfrentarlo, el secreto es ser más uno mismo, conocer la misión por la que estamos en el mundo y luchar por ella capa y espada.

 

Principio fundamental: eliminar el miedo oratorio

 

Con respecto al miedo oratorio se lo define como una inhibición para hablar en público. Es importante mencionar que ningún orador es elocuente desde el principio. Los más grandes oradores se reconocen tímidos o temerosos antes de iniciar un discurso.

Al enfrentar a un auditorio se siente esa rara tensión nerviosa, la que no debería desalentar. Es muy normal que una persona ante una situación nueva y difícil sienta malestar en el estómago. o que sus manos transpiren o que sus rodillas tiemblen. Estas señales  identifican a una persona responsable y que respeta a su auditorio.

Algunas personas superan inmediatamente esta sensación y se introducen ágilmente en su discurso. Otras, en cambio, no logran dominar la situación, manifiestan signos externos de su inestabilidad emocional y muchas veces ni siquiera pueden comenzar a hablar.

Este problema tan generalizado es perfectamente superable, practicando con entusiasmo y decisión los siguientes procedimientos:

 

1) Solución a nivel mental:

a) Obtenga confianza en Usted mismo. William James dijo que la voluntad puede transformar al sentimiento mediante la acción. Aclaremos esto con un ejemplo. Si una persona se siente triste, puede comenzar a reír si se lo propone. Al cabo de un tiempo y siguiendo el esquema de James. esa persona cambiará su estado de ánimo. Pasará de la tristeza a la alegría.

Recordemos que la mente tiene una capacidad autosugestiva, transforma en acto todo lo que acepta. Pero hay que tener cuidado en la forma en que se le presenta el material. Habitualmente el obstáculo aparece como una atracción fatal para la mente y, por lo tanto, es fundamental aprender a visualizar para entregarle imágenes multisensoriales que apoyen el proceso de autosugestión.

El conocimiento de esta situación, que juega como un poder oculto de la mente, podemos utilizar para el logro de una mayor confianza. Si la proyectamos al campo de la Oratoria, lo que debemos hacer es: así como el nadador aprendió a nadar en el agua, ¡VENZA SUS INHIBICIONES ORATORIAS HABLANDO!

La experimentación es sencilla. Si habla en los lugares que hasta hoy le causan inhibición,  al cabo de un tiempo esa actitud se hará natural. Como señalamos en la introducción, el ser humano está condenado desde su infancia a un rol de espectador porque tiene kilómetros de lectura o de recepción. Esa falta de uso de la expresión es la que genera el temor a hablar en público. Lo que no se usa se pierde y además, como decía Thomas Edison, el genio es un 10% de inspiración y un 90% de transpiración.

El miedo oratorio no solamente es perjudicial para las conferencias. Muchas veces, es el factor que provoca el error o la parálisis en un examen y genera el fracaso aunque se conozca el tema en profundidad. La información está “ en la punta de la lengua” pero, sin embargo, no se la puede recuperar.

b) Autosugestión. Este  punto está muy relacionado con el anterior en cuanto al logro de una mayor confianza. Muchos problemas no son reales, sino creados por uno mismo.

La Autosugestión propone seguir el cambio inverso: ¡Vencer y eliminar ese problema! ¿Cómo lograrlo?... Muy sencillo: «Todas las noches y en cualquier momento del día cerrar los ojos e imaginar la persona que desearíamos ser. La visualización creativa debe ser tan real y potente como sea posible, Es decir,  imaginar el ideal. Además, traducir esa imagen en una frase en tiempo presente que refleje el logro como si ya se hubiese consumado, como por ejemplo:  

“ahora soy el que siempre quise ser”. Nunca deben utilizarse frases como términos negativos como “¡pronto voy a dejar de ser tímido!”. En la formulación de la frase, no debe aparecer el problema.

c) Actitud mental. La mayoría de los oradores aumentan su miedo pensando en sus posibles errores.. ¿Me equivocaré?. ¿Se reirán de mi?.. etc. Es importante:1) Ocupar la mente en otra actividad. 2) Diferente apreciación del suceso. 3) Descubrir y alterar la idea perturbadora.         4) Poner la tendencia contraria.

2)     Solución a nivel físico:

El miedo oratorio provoca una paralización a nivel físico. Esta tensión muscular debe ser relajada. Para conseguirlo siga estos consejos: Para conseguirlo se aconseja respirar diafragmáticamente en forma honda y profunda antes de comenzar a hablar; acomode los papeles, limpiar el pizarrón etc. Esta suave actividad física le permitirá lograr el control corporal.

3) Solución a nivel elaborativo:

Una de las mejores garantías para derrotar el temor oratorio es la correcta preparación del tema. Busque material, investigue el tema, elabore un plan, memorice el discurso, someterlo al juicio de otros y repetirlo muchas veces, averiguar cuáles son las características del auditorio (su nivel intelectual, preferencias, etc.).

4) Actitudes mentales de sostén

Ud. puede sentirse valiente por el hecho de enfrentar al auditorio; otro, en su lugar, habría huido. Para reforzar esta convicción, es útil alentar las siguientes actitudes de sostén:

 

-  Sentir que  puede prescindir del público, que lo único que tiene razón de ser es el discurso y que Ud. lo domina perfectamente.

-  Asumir qué es lo peor que podría ocurrir. Luego, sólo restará mejorarlo.

-  Convencerse de que hablar en público es lo mismo que hablar en privado.

-  Proponerse llevar adelante todos estos procedimientos con decisión y tenacidad.

 




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